A veces, la vida nos sacude para recordarnos algo que olvidamos con demasiada facilidad. No hemos venido a correr, vinimos a vivir.


Nos pasamos años pensando que la meta está allá adelante, en algún punto lejano donde, cuando por fin lleguemos, todo tendrá sentido. Creemos que la felicidad habita en ese lugar imaginario, al final de todas nuestras carreras. Pero un día, a veces tras una caída, otras tras una simple pausa, nos damos cuenta de algo más grande. De que la vida no está en el destino… está en el camino.

Es entonces cuando comenzamos a mirar distinto. A notar las curvas, los altibajos, los pasos que dimos sin darnos cuenta y los que aún nos esperan. Comprendemos que cada giro inesperado, forma parte de la ruta, incluso esos que parecen injustos, incluso los que duelen. Porque en cada tropezón, en cada pausa, en cada avance, la vida nos está enseñando a estar presentes.

Aprender a disfrutar del viaje no significa vivir sin heridas, significa aprender a respirar dentro de ellas. Es detenerse un segundo y sentir cómo el aire frío llena los pulmones. Es escuchar el murmullo del viento acariciando los árboles, sentir el calor del sol en la piel, cerrar los ojos y reconocer que este instante, este, justo ahora, también es vida.

Descubrimos, que los momentos más sencillos son, en realidad, los más poderosos.
La carcajada que nos salva en un día difícil. El abrazo que nos recoge sin pedir explicaciones.
El atardecer que pinta el cielo con colores imposibles y nos recuerda que hay belleza que no necesita ser entendida.

Antes pensaba que vivir era llegar. Hoy sé que vivir es habitar. Habitar los silencios, los pasos lentos, los días grises y los claros. Es aprender a mirar con otros ojos lo que ya está aquí, aunque no sea perfecto, aunque duela, aunque nos falte algo.

Gracias, vida.
Por cada curva inesperada que me retó.
Por cada rincón luminoso que encontré en mitad de la oscuridad.
Por enseñarme, que no necesito correr, que no hay prisa, que no hay un reloj que mida mi valor.

Hoy elijo caminar más lento, pero más consciente.
Hoy elijo respirar más hondo, sentir más profundo y mirar más despacio.
Hoy sonrío a la vida con gratitud por cada paso dado, por cada tropiezo que me enseñó, por cada instante que me recuerda que estar aquí, ya es un regalo.


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2 respuestas a «Aprender a disfrutar del viaje»

  1. Avatar de Alain Otaño

    Muy bueno. Felicitaciones!

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    1. Avatar de Malú García
      Malú García

      Miles de gracias!!

      Le gusta a 1 persona

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