
Correo de Hernán — Bogotá, Colombia
Asunto: Usted puso en palabras lo que yo callaba
Buenas tardes, señora Malú:
Le escribo desde Bogotá. Una amiga me compartió su blog, y al principio no quise leerlo. Pensé que era otro texto de autoayuda. Pero no, usted escribe con verdad, con esa calma que hace falta cuando uno vive con el dolor.
Yo tengo 50 años y trabajo en una empresa de transporte. Manejo, coordino rutas, me levanto antes del sol. La fibromialgia me agarró justo cuando empecé a pensar en descansar. El cuerpo me está enseñando a hacer las cosas de otra manera.
A veces me quedo en silencio mirando por la ventana y me acuerdo de una frase suya: “No todo lo roto se pierde.” Desde entonces, la repito.
Gracias por darle voz a lo que los hombres casi nunca contamos. Me ayudó a hablar con mis hijos sin sentir vergüenza.
Con admiración,
Hernán
Buenas tardes, Hernán:
He leído tu correo despacio, como quien sostiene algo valioso entre las manos.
Gracias por tomarte el tiempo de escribirme y por abrir esa parte de ti que, como bien dices, los hombres suelen callar. Me alegra saber que mis palabras te acompañaron en un momento en el que el cuerpo pedía tregua.
Me conmovió lo que contaste. Levantarte antes del sol, seguir cumpliendo con tu trabajo, buscar equilibrio entre la exigencia y el cansancio. Esa frase que mencionas, “No todo lo roto se pierde”, nació precisamente de ahí, de entender que el cuerpo puede fracturarse sin que se rompa la esencia.
Y tú lo estás demostrando con cada paso, con cada jornada que decides atravesar a tu ritmo, sin rendirte.
Gracias por tu confianza.
Que sepas que tus palabras también me ayudan a seguir escribiendo. Recordar que al otro lado hay personas reales, con historias que laten, da sentido a todo esto.
Te envío un abrazo grande desde este lado del mar, con el deseo sincero de que cada día encuentres un poco más de calma dentro del movimiento.
Con cariño y admiración,
Malú
Deja un comentario