Correo de Marta — Úbeda (Jaén)

Asunto: Esperando la segunda edición de tu libro

Hola, Malú:
Terminé tu libro hace una semana y todavía lo tengo en la mesilla, subrayado por todas partes. Es la primera vez que leo algo sobre fibromialgia que no suena a manual médico, sino a vida. Lo tuyo tiene alma, y eso llega. Estoy deseando que publiques una segunda edición, porque siento que aún quedan muchas voces por escucharse.

Te leo desde Úbeda, entre olivos y amaneceres lentos. Cada mañana me visto despacio, me miro en el espejo y me recuerdo que sigo siendo yo, aunque el cuerpo a veces no me siga. El médico insiste en que debo moverme más, y sonríe mientras lo dice. No sabe que para atarme las zapatillas necesito planificarlo. Pero camino. Lo hago por dignidad, como dices tú.

A veces, leo tus textos en voz alta, y mi marido me escucha sin decir nada. Creo, que por fin, me entiende un poco. Gracias por eso, por abrir ese puente. Tus palabras me hacen sentir visible.

Con afecto,
Marta


Hola, Marta:
He leído tu correo con una sonrisa tranquila, de esas que salen despacio. Gracias por tus palabras, por la ternura con la que hablas de lo cotidiano y, por cómo has sabido describir lo que tantas veces cuesta explicar.

Me emociona saber que mi libro te ha acompañado así, subrayado, con tus notas entre las páginas. Me gusta imaginarlo sobre tu mesilla, con olor a café y a tierra húmeda, respirando el mismo aire que los olivos que mencionas.
Tienes razón, aún quedan muchas voces por escucharse. Y ojalá, poco a poco, todas encuentren su sitio.

Lo que cuentas sobre tu marido me ha tocado profundamente. A veces, la comprensión llega en silencio, sin grandes gestos. Basta con que alguien escuche con el corazón abierto. Si mis palabras sirvieron para acercar un poco más esa comprensión, ya todo cobra sentido.

Caminar por dignidad es una de las formas más valientes de hacerlo. No importa la velocidad ni la distancia, solo el gesto. Ese acto sencillo de seguir, aunque duela, aunque el cuerpo proteste, es una declaración de amor a la vida.

Gracias por leerme con tanta sensibilidad y por dejarme formar parte, de alguna manera, de tus mañanas lentas.
Te mando un abrazo suave hasta Úbeda, con el deseo de que cada paso que des, por pequeño que parezca, te recuerde que todavía hay luz dentro.

Con cariño,
Malú


Descubre más desde Diario de una vida que late

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Diario de una vida que late

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo