Correo de Alba — Gijón (Asturias)

Asunto: Tus palabras me hacen sentir menos sola

Hola, Malú:
Llevo semanas leyéndote y todavía me cuesta explicar lo que me pasa cuando termino cada entrada. Es como si alguien hubiese estado observándome todos estos años y, de pronto, pusiera en orden lo que yo no sabía cómo decir. Encontré tu blog en una de esas noches sin sueño, buscando “cómo vivir con fibromialgia”, y me quedé hasta el amanecer. No fue tristeza lo que sentí, fue alivio.

He comprado tu libro y lo tengo sobre la mesita del salón. A veces, leo solo un fragmento y lo cierro, como si necesitara digerir cada frase. Lo leo despacio, igual que me muevo ahora. Tus palabras me acompañan mientras intento recuperar una parte de mí.

Te escribo desde Gijón, con el sonido del mar colándose por la ventana. Esta mañana desperté con el cuerpo entumecido, los brazos pesados como si hubiera dormido sosteniendo piedras. Aun así, preparé café, abrí la ventana y dejé que el aire frío me despejara. Antes pensaba que cada día debía ser una batalla, ahora intento verlo como un pacto. Mi cuerpo y yo tratamos de no hacernos daño.

Me emociona pensar que hay más personas leyendo tu blog, sintiéndose comprendidas. Porque si algo duele más que la enfermedad, es la soledad. Gracias por romper ese silencio que tanto nos pesa.

Con cariño,
Alba

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Hola, Alba:
He leído tu correo varias veces. Lo he hecho despacio, casi en silencio, como si tus frases necesitaran espacio para asentarse.
Gracias por contarme cómo llegaste hasta el blog y por dejarme asomarme a ese amanecer tuyo, entre el cansancio y el mar. Me emociona imaginarte abriendo la ventana, dejando que entre el aire frío, intentando reconciliarte con tu cuerpo, con esa paciencia nueva que tanto cuesta aprender.

Lo que dices sobre el pacto con el cuerpo me parece precioso. Al final, eso es lo que intentamos, convivir con él sin castigo, sin rabia, con la ternura de quien comprende.
Tu manera de describirlo me ha conmovido, porque eso es exactamente lo que quiero que quienes leen encuentren aquí. Un espacio donde el dolor no se esconda, pero tampoco se adueñe de todo.

Gracias por dejarme acompañarte, aunque sea desde la distancia. Y gracias también por recordarme que no escribo sola, que al otro lado hay vidas que laten, que respiran, que buscan lo mismo que yo, una forma más amable de seguir.

Te mando un abrazo grande hasta Gijón.
Que el sonido del mar te siga recordando que, incluso en los días grises, seguimos vivas, seguimos dentro.

Con cariño,
Malú


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